Mira, todos hemos estado ahí. Sentados en el sofá, viendo un partido de la Premier League, y aparece una decisión del VAR que no tiene absolutamente ningún sentido. Luego cambias a La Liga o la Serie A, y un incidente casi idéntico se pita de manera completamente diferente. Es suficiente para hacerte tirar el control remoto a la televisión. La UEFA finalmente parece estar reconociendo este caos, planeando una reunión de verano con las principales ligas europeas, incluida la Premier League, para intentar limar algunas inconsistencias del VAR. Buena suerte con eso, digo yo.
La cuestión es la siguiente: todo el mundo quiere consistencia. Aficionados, entrenadores, jugadores, todos están hartos. Justo el mes pasado, a Gabriel Jesus del Arsenal se le negó un penalti contra el Aston Villa por un claro tirón en el área, una decisión que pareció suave en comparación con el penalti por mano que se le pitó a Ashley Young del Everton por una infracción similar contra el Liverpool en octubre. Hemos visto manos pitadas por desvíos del propio cuerpo de un jugador, y otras ignoradas por toques aparentemente intencionados. ¿Recuerdan el caos en torno al gol anulado a Marcus Rashford contra el Manchester City en enero de 2023, donde se consideró que Bruno Fernandes estaba interfiriendo en el juego a pesar de no tocar el balón? Esa decisión desató semanas de debate. No se trata solo de acertar la jugada; se trata de acertarla *consistentemente* en todas las fronteras.
**El problema inglés (y el de todos los demás)**
La Premier League, en particular, a veces parece operar con su propio reglamento. Hemos tenido disculpas de la PGMOL por "errores humanos significativos" que impactaron directamente en los resultados, como el gol anulado incorrectamente a Luis Díaz por fuera de juego contra el Tottenham en septiembre de 2023. Ese error le costó puntos al Liverpool y generó una tormenta. Contrástese eso con la forma en que se usa el VAR en, digamos, la Bundesliga, donde a menudo parece haber una resolución más rápida y menos drama en el campo alrededor del monitor. O consideremos la Serie A de Italia, que introdujo el VAR en 2017, dos años antes que la Premier League, y ha tenido más tiempo para refinar sus procesos, aunque incluso ellos todavía enfrentan críticas. La subjetividad percibida de lo que constituye un "error claro y obvio" en Inglaterra parece un objetivo en movimiento semana tras semana.
La cuestión es que esto no se trata solo de sesgo inglés o de un arbitraje deficiente. Se trata de diferencias culturales en la interpretación de las Reglas del Juego. Una falta considerada digna de revisión en Alemania podría ser ignorada en España. El plan de la UEFA de poner todas estas interpretaciones sobre la mesa es ambicioso, quizás incluso ingenuo. ¿Cómo se estandariza la subjetividad? Se puede definir el "fuera de juego" todo el día, pero cuando se trata de "entrada temeraria" o "mano", siempre habrá una zona gris. Y esa zona gris es donde ocurren las discusiones. Intentar que los árbitros de diferentes culturas futbolísticas se pongan de acuerdo en cada microinterpretación es como intentar pastorear gatos.
Les digo ahora, esta cumbre de la UEFA, aunque bien intencionada, no resolverá el problema central. Podrían acordar algunos ajustes menores o protocolos de comunicación, pero las diferencias fundamentales en cómo se entrena a los árbitros individuales y a los VAR y cómo *ven* el juego persistirán. Seguiremos rascándonos la cabeza la próxima temporada, viendo a un jugador recibir una tarjeta roja en Francia por una entrada que apenas merecería una amarilla en Inglaterra. ¿Mi predicción audaz? Veremos algunos cambios cosméticos menores anunciados en otoño, pero las inconsistencias fundamentales en la aplicación del VAR en toda Europa seguirán siendo un tema candente de debate hasta al menos 2026.